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Green Data: energías renovables como puntal de la transformación digital

Green Data: energías renovables como puntal de la transformación digital

En 2020 más de la mitad de la población mundial estará conectada a Internet

Recientmente ha publicado un artículo en International Journal of Enviromental Research and Public Health, en el que ha participado la Fundación y donde se exponen los resultados de un estudio que demuestra cómo la telemedicina tiene un impacto positivo en la conservación ambiental. Este estudio cubre diferentes variables de la actividad humana que implican la emisión de gases contaminantes (Vidal-Alaball et al., 2019). El estudio se centró en el estudio de resultados en tres regiones diferentes de Cataluña, por lo que nos encontramos con algunos métodos y técnicas para ofrecer servicios a los ciudadanos como parte del proceso sanitario habitual, que en caso de implementarlos de forma extensiva y definitiva en todo el territorio –para los casos y situaciones que así lo permitan– sería un paso adelante en términos de eficiencia y sostenibilidad de los recursos de la administración catalana, a la vez que ayudaría a reducir las tasas de contaminación y la huella ambiental que como especie estamos dejando en el planeta. Al mismo tiempo, estas prácticas alineadas con el concepto de transformación digital muestran coherencia con el nuevo paradigma de sociedad digital en que vivimos y podrían conllevar una transformación administrativa dando lugar a nuevos sistemas de organización similar a las primeras experiencias en forma de estados digitales (Peña-López, 2019) como es el caso de Estonia (Forment, 2019). No obstante, estamos hablando de soluciones y herramientas tecnológicas que comparten un denominador común, el tráfico y la gestión de datos de forma masiva y en tiempo real, y que están mediadas por un canal de comunicación que ya está consolidado y que debe ser defendido como una herramienta democratizadora: Internet. Pero, ¿hemos considerado el coste económico y ambiental de mantener este canal de comunicación?

 

Almacenamiento en la nube, Internet de las Cosas, Big Data, inteligencia artificial, Blockchain,… Según Genís Roca «…todo habla de lo mismo: ¿qué puedes hacer con los datos y en tiempo real…» (Barberá, 2019) y sin embargo esta industria tecnológica generará según estimaciones el 4% del total en emisiones de dióxido de carbono durante el 2020 (Greenpeace, 2017). Esto significa que «si Internet fuera un país, sería el sexto planeta más contaminante» (National Geographic, 2019). En este sentido Internet, como facilitador y canal habilitador para las TIC, mejora las condiciones de vida abriendo nuevas oportunidades y desafíos desde un punto de vista antropocéntrico. Y aún así, parece contradictorio o incoherente decir que una solución tecnológica que ayuda a conservar el medio ambiente, al mismo tiempo implica un gasto energético que deja una huella digital colosal. Lejos de descalificar soluciones y mejoras tecnológicas probadas como la telemedicina, en este texto pretendemos poner en solfa el debate sobre cómo la contaminación digital es un problema que agrava la situación de emergencia climática que vivimos. Resolverlo es un reto y la responsabilidad de afrontar esta cuestión de manera global sigue pendiente puesto que estamos ante un porblema que de manera capilar afecta a la mayoría de las áreas de relaciones, organización y gestión de las actividades humanas.

 

Dejar los dispositivos electrónicos en stand by como ordenadores o routers, subir una fotografía a las redes sociales, realizar transacciones con criptomonedas o consultar La Meva Salut. En resumen, todo lo que implica el uso de dispositivos y/o tráfico masivo de datos resultante de nuestras vidas hiperconectadas significa un alto gasto de recursos energéticos. Por lo tanto, económico y por ende ambiental. Y es que atendiendo a los modelos actuales de producción y gestión, el gasto energético derivado contrarresta algunos de los efectos positivos que suponen estas soluciones tecnológicas mencionadas para la práctica de actividades humanas (Vidal-Alaball et al., 2019). En otras palabras, la reducción del coste y los gases contaminantes que plantean algunas tecnologías no compensan el impacto negativo que implica el uso de las mismas de manera global y en términos energéticos.

 

¿Nos hemos planteado si nuestra actividad diaria -cómo una búsquedas en servidores de Internet- contamina? En este enlace podemos ver los resultados del proyecto CO2GLE, que en tiempo real monitoriza cuántos kilogramos de CO2 emite Google mientras navegamos en la red. Algunas grandes corporaciones transnacionales, precisamente como Google, y algunos centros de procesamiento de datos como Kolos tratan de reducir su impacto ambiental desde hace algún tiempo. Ya sea para cumplir con la normativa, para cumplir con los estándares mínimos de responsabilidad social aplicando el concepto de greeewashing, por conciencia real de la situación de emergencia climática o por un poco de todo.

 

 

En respuesta a todo lo que acabamos de exponer, un elemento no menor para promover la sostenibilidad y eficiencia de los recursos públicos gracias a las soluciones tecnológicas a las que se hace referencia y que están claramente orientadas a la transformación digital de los modelos de gestión sería el uso de energías renovables. Ganarían en coherencia a la par que romperían estas contradicciones. No solo serían más sostenibles para el desarrollo de la actividad humana sino también para el medio ambiente y la salud del planeta. Así pues, como afirma Greenpeace en su informe Clicking Clean (2017) “necesitamos un enfoque más claro y decidido en defensa de las energías renovables para superar ciertos vicios de poder económico y el lobbing que practican sobre el poder político arraigado en las compañías energéticas para crear el camino hacia una rápida adopción de energías renovables”.

 

De este modo podríamos hablar de una transición veraz hacia el Green Data y afrontar este desafío en que según la Comisión Europea «más de un tercio del gasto de luz en los centros de datos se produce sólo para lograr la refrigeración de los equipos y mantener la temperatura óptima de los servidores de datos”.

 

 

 

 

En conclusión, tener unas tecnologías totalmente sostenibles orientadas a mejorar nuestras vidas y sustentadas por las energías renovables es una cuestión de interés para todos: individuos, organizaciones e instituciones públicas. No sólo para mejorar la eficiencia de los servicios, sino para reducir definitvamente, el impacto ambiental de la actividad humana.

 

REFERENCIAS

 

 

 

 

 

  • Vidal-Alaball, J., Franch-Parella, J., Lopez F., Garcia Cuyàs, F., Medioroz Peña, J. (2019). Impact of a Telemedicine Program on the Reduction in the Emission of Atmospheric Pollutants and Journeys by Road. International Journal of Enviromental Research and Public Health 16(22), 4366. Recuperat el 25 de Novembre de 2019 de https://www.mdpi.com/1660-4601/16/22/4366/htm

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